Si una persona se deja afectar demasiado por un alcohólico, jugador o comedor compulsivo, fanático del trabajo, fanático del sexo, criminal, un adolescente en rebelión, un padre neurótico, o cualquier combinación de los anteriores, probablemente, llegue a comportarse como una persona codependiente.
La mayoría de las personas codependientes está obsesionada con otras personas. Con precisión y detalle, puede recitar la lista de actos y transgresiones de los adictos, lo que piensan, lo que hacen y lo que dicen.
Sin embargo, es necesario hacer una aclaración: el ser humano necesita depender de otros... de una manera sana en el tanto se brinde un desarrollo mutuo, se complementen y se maximicen las potencialidades humanas. Esto se define como interdependencia.
No se sabe con exactitud cómo se introdujo el término “codependencia” en el campo de las ciencias sociales, aunque sí existe la certeza de que fue en 1979 que se inició su uso a causa de las personas que vivían de forma cercana con un alcohólico.
Proviene de “co” (con, necesario) y “dependiente” (adicción, esclavitud), o sea, es la persona necesaria para que la esclavitud funcione.
La definición obvia de “codependencia” es “ser compañero en una dependencia”. Son, según el especialista en codependencia Earnie Larsen, “esas conductas aprendidas, autoderrotantes, o defectos de carácter que producen una disminución en la capacidad de iniciar o de participar en relaciones amorosas”.
O, como diría Robert Subby (1), “es un estado emocional, psicológico y conductual que se desarrolla como resultado de que un individuo haya estado expuesto prolongadamente a, y haya practicado una serie de reglas opresivas, reglas que previenen la abierta expresión de sentimientos al igual que la discusión abierta de problemas personales e interpersonales”.
“Cuando, en la vida actuamos en proporción a los estímulos recibidos, somos dependientes porque en vez de que nosotros dirijamos y decidamos en la vida, estamos condicionados por la conducta o actitud de otro, lo cual se torna muy peligroso cuando ese otro ha disfrazado su egoísmo, paternalismo, protección o ayuda” (2). Y se añade: “Lo peor es cuando se depende de otro que, a la vez, depende de nosotros mismos”.
Melody Beattie dijo: “Los codependientes son aquellos que permiten que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona y están obsesionados tratando de controlar esa conducta” (3). La escritora fue allá al descubrir que las personas codependientes no finalizan su “sufrimiento” cuando la persona de la que dependen queda restaurada o se separan de ella, pues, continúan desarrollando relaciones con personas problemáticas.
Los codependientes se comportan “sobriamente”, porque pasaron por lo que pasaron estando sobrios, es decir, no actúan bajo los efectos de ningún estimulante ni tienen adicciones como las que poseen los que conviven con ellos.
Un denominador común son las reglas tácitas, no escritas, que, por lo general, se desarrollan en el núcleo familiar y marcan la pauta para este tipo de relaciones. Estas reglas prohíben la discusión acerca de los problemas; la expresión abierta de sentimientos; la comunión honesta y directa; expectativas realistas tales como ser humano, vulnerable o imperfecto; etc.
La codependencia es un proceso de reacción. Los codependientes son reaccionarios. Reaccionan en exceso, reaccionan demasiado poco, pero, rara vez, actúan. Reaccionan a los problemas, las vidas, los dolores y las conductas de otros.
Tenemos que partir de que un codependiente es una persona que necesita un encuentro consigo misma. Un encuentro concienzudo, sincero y valiente para reconocerse como codependiente, sin pretextos y sin echarle la culpa a los demás. Es un problema personal. Puede ser el dominante o el dominado. En ambos casos es una persona codependiente. Puede estar del lado que gobierna como puede estar en el lado gobernado. Aún así, es codependiente. Por eso en una persona codependiente puede darse hostilidad, son controladoras, manipuladoras, indirectas, productoras de sentimientos de culpa y tienen dificultades comunicativas. Esa persona es definido hacia el lado que gobierna. Pero estando en ese lado de una relación, bien puede también pasarse al otro lado, al dominado, ya sea en esa misma relación o en otra relación.
Como siempre, necesitan saber que están en control, no pueden disfrutar espontáneamente.
Le tienen miedo a su propia ira y al abandono (por ello, cuidan a alguien que los necesita y que no los abandonaría). Un día, pueden amar al otro, pero al siguiente, odiarlo. Se llega al punto de bloquear los sentimientos –por lo que podrían convertirse en agresores-.
Tiene una dependencia de los demás: de sus estados de ánimo, conducta, enfermedades, bienestar y amor.En síntesis, las personas codependientes “no se toman en serio a sí mismas” y no logran establecer relaciones sanas con otras personas.
Melody Beattie añade a sus estudios(4):
Los codependientes no están locos, sólo son codependientes.
La codependencia “cobra vida propia” una vez que se ha asentado.
Para “deshacerse” de la codependencia es necesario que la persona haga algo, no importa de quién sea la culpa. La codependencia se convierte en un problema personal y por lo tanto, es responsabilidad de cada quien resolver sus problemas.
Codependencia Anónima
Los Codependientes Anónimos “manejan” una lista de características propias, según publican en sus distintos folletos:
Asumimos la responsabilidad por los sentimientos y las conductas de otros.
Tenemos dificultad de identificar sentimientos: ¿Estoy enojado?, ¿triste?, ¿solitario?, ¿feliz?
No podemos expresar los sentimientos: me siento, feliz, triste, lastimado, etc.
Tenemos miedo de cómo los demás van a responder a nuestros sentimientos.
Tenemos dificultades en formar y mantener relaciones cercanas.
Tenemos miedo de ser rechazados o lastimados por otros.
Somos perfeccionistas y abrigamos demasiadas expectativas de nosotros y de los demás.
Tenemos dificultad para tomar decisiones.
Tendemos a minimizar, alterar o negar la verdad de cómo nos sentimos.
Las acciones y actitudes de otros determinan nuestras reacciones y respuestas.
Tendemos a poner las necesidades y deseos de otros antes que los nuestros.
Nuestro miedo a la ira de otros determina lo que decimos o hacemos.
Nos cuestionamos o ignoramos nuestros valores para relacionarnos mejor con otras personas significativas. Valoramos sus opiniones más que las nuestras.
Nuestra autoestima se rige por la influencia de otros. No reconocemos cosas buenas acerca de nosotros.
Nuestra serenidad y atención mental están determinadas por los sentimientos y conductas de otros.
Juzgamos muy duramente lo que hacemos, pensamos y decimos según los estándares de otros.
No creemos que ser vulnerables y pedir ayuda sea normal y esté bien.
No sabemos que está bien hablar de los problemas fuera de la familia; que los sentimientos son sólo eso y que es mejor compartirlos que negarlos, minimizarlos o justificarlos.
Somos muy leales, aún cuando la lealtad sea injustificada y, a veces, hasta pueda dañarnos.
Necesitamos ser necesitados para podernos relacionar con los demás.
Sin embargo, el mayor anhelo de las personas codependientes es que haya un cambio.
LA CODEPENDENCIA COMO UNA ENFERMEDAD
Las vidas de las personas codependientes giran, enfermizamente, alrededor de otras personas, al punto de que se olvidan de sus propias necesidades para vivir por los demás. Se llega al punto en que el codependiente no sabe dónde termina él y comienza el otro.
Sin embargo, este supuesto “deber” no es realizado como se narra en las historias de mártires o santos: de forma devota y paciente, sino, más bien, las personas codependientes empiezan a acumular enojo, enojo que, más tarde, no se puede esconder y está presente en todo momento y circunstancia –aunque, en principio, la persona quiera parecer como “buena”-.
Es más, difícilmente se ve a los codependientes como si padecieran de alguna enfermedad, pues se les cataloga, simplemente, como “víctimas” de inválidos, adictos, alcohólicos, drogadictos o neuróticos. No se dan cuenta de que el establecer relaciones con personas problemáticas es factor común en sus vidas.
La especialista Phyllis Orzin aseguró, en una conferencia sobre el tema hace unos diez años, que la “codependencia es una enfermedad crónica, esto es, puede causar la muerte”. Y agrega: “Esta enfermedad lleva, a medida que avanza, a una incapacidad de juicio cada vez mayor, a una ceguera que nos impide ver la realidad, a una confusión mental y emocional que nos hace dudar de nuestras percepciones y de nuestros sentimientos, hasta el punto de la depresión, en la que los medicamentos no funcionan”. Sin embargo, esta enfermedad es adquirida, y como tal, se pueden cambiar las conductas para dejar de padecerla.
Algunos especialistas diagnostican esta enfermedad como un trastorno de la personalidad por dependencia o como un trastorno compulsivo de la personalidad.
El doctor Timen Cermak ha establecido un criterio de diagnóstico(5). Según él, se establece que los codependientes:
Ponen en riesgo su autoestima tratando de controlar a otros y a sí mismo frente a consecuencias adversas serias.
Toman la responsabilidad de satisfacer las necesidades de otros, sin tomar en cuenta las propias.
Presentan una ansiedad y una distorsión de los linderos entre la intimidad y la separación.
Se involucran en relaciones con personas que tienen trastornos de personalidad y que, en ocasiones, son químicamente dependientes; con otros que, a su vez, son codependientes; o con individuos con trastornos de sus impulsos.
Presentan algunos de los siguientes síntomas:
Excesiva negación
Contención de las emociones (con o sin explosiones dramáticas)
Depresión
Exceso en “estar alerta”
Compulsiones
Ansiedad
Abuso de sustancias
Han sido (o son) víctimas del abuso físico o sexual
Enfermedades relacionadas con el estrés
Han permanecido en una relación primaria con un dependiente al menos dos años, sin buscar ayuda externa.
CÓMO SE DESARROLLA LA CODEPENDENCIA?
Desarrollo emocional del ser humano
Existen ciertas necesidades que el ser humano debe satisfacer para que logre desarrollarse como un individuo sano, ellas son:
Sobrevivencia y seguridad
Contacto con la piel
Atención
Imitación y repetición por parte de los padres
Tener una guía
Ser escuchado
Ser él mismo
Participación
Aceptación: ser tomado en serio, tolerancia a los sentimientos
respeto.
Oportunidad de llorar las pérdidas y de crecer
Apoyo
Lealtad y confianza
Sensación de haber logrado:; control, poder, creatividad
Trascendencia de lo ordinario
Sentirse bien respecto a ser hombre o mujer y disfrutar la
identidad sexual
Diversión
Libertad
Educación
Amor incondicional
Cuando estas necesidades no han sido satisfechas, el “niño interior” no crece ni madura y es, entonces, que el “niño interior” se trasforma en un “sí mismo codependiente o falso”: Se ajusta a los deseos y demandas de los demás.
Existen diferencias entre el “niño interior” y el “sí mismo falso”. El primero es generoso, auténtico, genuino, espontáneo, comunicativo, se acepta a sí mismo y a los demás, siente y expresa lo que siente, sabe divertirse, es confiado, es indulgente de manera sana con sí mismo, no pierde su vitalidad a pesar de los sufrimientos que viva.
El segundo es como una máscara que oculta envidia, criticidad, sentimientos de culpa hacia los otros, egoísmo, perfeccionismo; actúa como los demás quieren que actúe, es conformista, brinda amor condicionado, esconde sentimientos, “parece fuerte, pero no lo es”; siente que algo está mal, pero que eso es lo normal; generalmente, actúa para defenderse de las heridas y el rechazo.
Al negar los sentimientos, se desarrolla cierta tolerancia al dolor y al sufrimiento.
Mientras menor sea la satisfacción del niño, más pronto entra a funcionar el “sí mismo falso” en detrimento del “niño interior”.
Ambiente:
La codependencia se desarrolla en:
La familia disfuncional (en la que se da, entre otras cosas, poca comunicación, rigidez, manipulación, crisis de valores, relaciones dependientes, no se expresan los sentimientos, no se establecen reglas claras, hay envidia, aparecen enfermedades –psicosomáticas, entre otras-,etc.). En ella, el codependiente pudo haber actuado de varias formas: como facilitador, como héroe, como chivo expiatorio, como aislado, “de mascota”.
La escuela, la cual excluye sentimientos, en que podría destacarse un alumno, etc.
La iglesia, que reprime los sentimientos y pide perfección, “actuar por obras y ganar el cielo”. Conocer a Dios por lo que nos dicen y no por la experiencia propia.
La sociedad, la cual, mediante dichos populares, fomenta actitudes codependientes y asignan roles:
a. “Los hombres no lloran”
b. “Las niñas siempre deben ser muy atentas con los demás”
c. “Sólo hay un modo de hacer las cosas”
d. “No hables, pienses o sientas acerca del sexo, el dinero o los sentimientos”
e. “Trabaja primero y juega después”
f. “El hijo mayor debe ser ejemplo para los demás”
g. “Los hijos siempre obedecen a los padres”
h. “No le hables a nadie de tu familia”
i. “La ropa sucia se lava en casa”
¿CÓMO SE MANIFIESTA LA CODEPENDENCIA?
Existen cinco formas manifiestas de codependencia en cuanto a relaciones interpersonales se refiere:
1. Rescate:
1. Actuar como el complaciente, el dador, el protector, el consejero, el salvador, el maestro.
2. Cree que lo hace por generosidad, pero, en realidad, lo hace porque necesita recibir amor. En realidad, desconoce sus propias necesidades y trata de suplir la de los otros.
3. Al final, tanto el rescatador como el rescatado terminan molestos, puesto que el rescatador actuó ignorando sus propias necesidades y el rescatado no está agradecido por la acción. De hecho, sólo existe una ayuda genuina en el tanto esta produce efectos positivos en ambas partes.
4. Sin embargo, muchas veces, lo que motiva el brindar ayuda no es el interés genuino, sino que existe, de por medio, la culpa, necesidad de ser reconocido o necesidad de ser necesitado.
5. El rescatador pudo formarse tanto en la infancia aparentemente feliz como en la traumática; en la primera, la persona casi no recibió atención o se le asignaron muchas responsabilidades; en la segunda, la persona pudo haber sido víctima de abuso sexual, abuso verbal, abuso físico o tuvo carencias emocionales.
Existen pasos básicos para salir de este problema (rescate) en particular(6):
1. Reconocer que no estamos haciendo bien las cosas
2. Tener deseos de cambiar y buscar la solución a la luz de Dios (reconocer que necesitamos ayuda)
3. Docilidad de hacer lo mejor para cambiar ambas partes y confianza en que todo saldrá bien
4. Escuchar los propios sentimientos
5. Identificar los deseos y necesidades
6. Aceptar si le hicimos daño a otros y pedir perdón
7. Aceptar el amor y el apoyo que los demás nos den (hablar con un buen amigo)
8. Practicar algún ejercicio
9. Escribir
10. Llorar
11. Hacer algún trabajo manual
2. Reacción
Es la típica persona que no sabe responder, sólo sabe reaccionar –como un hábito adquirido por respuestas constantes a las crisis-. Si no existe crisis, la crea, porque sólo sabe vivir así. No responde con inteligencia y voluntariamente, no controla los sentimientos, las emociones ni las expresiones. Los pensamientos, sentimientos y emociones están controladas por las personas que lo rodean; pierde el control y otros lo controlan.
“Cuando reaccionamos, perdemos el derecho a pensar, que es un don de Dios”(7).
La reacción es rápida, intensa; el motivo de ella es por lo que puede suceder, sucedió o está sucediendo.
Estas personas desproporcionan las cosas, creen estar siempre en lo correcto y lo justo y si otra persona no comparte su parecer, lo toman como una ofensa personal. Al estar atentos a las voces de los demás, pierden su propia libertad.
3. Victimario:
Es necesario darse cuenta de que no se puede ser víctima siempre.Hay que responsabilizarse por los propios comportamientos, en lugar de decir: “Tal persona me hizo enojar y por eso me obligó a decir o actuar de tal manera” (nadie obliga a nadie a nada, nadie es responsable de lo que yo haga o sienta, sólo yo).
Debe existir una honestidad emocional, para ello es necesario poder observar la forma en que hemos hecho las cosas y decidir dejar las reacciones.
4. Atadura
Otro punto importante son las ataduras que pueden unir a dos personas, haciéndolas esclavas una de la otra, pues no son libres ni son ellas mismas (atadura con una persona viva o incluso, que ya falleció). Las ataduras son culpas, traumas y resentimientos que, si no se “cortan”, no hay libertad.
5. Dependencia
Esto implica no ser uno mismo, sentirnos mal si la otra persona no nos da su aprobación, o si nuestro estado de ánimo depende del otro. Es tener altas expectativas respecto a los otros y vernos frustrados porque éstas no se cumplieron. Se da cuando la felicidad de los demás es más importante que la propia.
La sociedad prepara a las personas para las relaciones dependientes. Hacer lo que se espera que hagamos crea resentimiento, culpa, ansiedad. Mentimos o distorsionamos la verdad para que el otro no se enoje. A veces, pedimos que se nos retribuyan esos “favores”.
Se puede sentir un enojo intenso por la persona de la que se depende, aunque, “aparentemente”, parezca que no.
La intimidad se va anulando, el dependiente se torna solitario.
Las personas lo pueden manipular gracias a su baja autoestima y la necesidad obsesiva de aprobación -esto crea vulnerabilidad-.
Las personas dependientes no tienen libertas, entregan su vida a los demás. Se convierte en un estilo de vida.
Este aspecto de la codependencia tiene la característica de que la persona tiene miedo de sí misma y por eso reprime todo su ser interior.
Conoce los puntos débiles de los demás y se vale de ellos para controlar; conciente o inconcientemente, busca estar en ventaja respecto a los demás, provocando miedo o culpa en ellos.
Existen varias formas de controlar: con silencio, enfermedades, fuerza física, agresión verbal, amenaza de muerte, seducción, dinero, indiferencia, sobreprotección, gestos y miradas, expectativas, crítica, manipulación, hcer que la otra o las otras personas se sientan culpables, acusaciones encubiertas, (le digo a Pedro para que entienda Juan), indirectas (debido a una incapacidad para enfrentar realidades. La primera: yo estoy mal), represión, etc.
Una persona controladora vivió en su infancia un ambiente de tensión y angustia por el hecho de que las personas con las que convivía eran rígidas, controlaban y eran impredecibles. Más tarde, busca tener el control, hasta convertirse en una obsesión. Lo busca en la relación, lo busca en el trabajo.
Es necesario estar apercibido sobre los verdaderos sentimientos que se experimentan y tratar de dirigir y encausar las emociones, logrando un autocontrol.
PASOS IMPORTANTES PARA LA RECUPERACIÓN
Existen ciertos aspectos importantes a considerar para que las personas se recuperen de la codependencia(8):
Descubrir el sí mismo verdadero y brindarle lo que le faltó para que pueda crecer
Conocer y satisfacer las necesidades actuales
Reconocer y llorar las penas pasadas
Trabajar, paso a paso, cada uno de los aspectos de la propia vida, aceptando la realidad particular y deseando cambiar
Iniciar el proceso de sanidad interior, depositando todos los aspectos pasados causantes de la angustia actual, en manos del Señor, teniendo la certeza de que Él toma el control de ello y nos da de Su amor.
Pasos a seguir(9):
Ver el problema con objetividad
Reconocer la enfermedad y saberse parte del problema
Reconocer que no se puede hacer todo por sí mismo
Aceptar la ayuda de Dios (y de algún profesional si es posible)
Aceptar la necesidad del perdón
Escuchar los sentimientos
Aceptar la necesidad de abrirse
Buscar las raíces de las codependencia
Vivir el duelo de las pérdidas
Buscar sanidad interior
Aceptar al niño interior
Liberar las manifestaciones de la enfermedad, cambiando patrones
Ejercitar las virtudes cristianas
Satisfacer la necesidad de apoyo y seguimiento
Satisfacer la necesidad de equilibrio con relaciones sanas, diversión, buena alimentación, etc.
Dar gracias a Dios por los cambios
Centrar el pensamiento en Dios, no en nosotros mismos
Crecer y madurar como persona
Aceptarse a sí mismo como ser “único e irrepetible”
No estacionarse en lo hecho malo, sino, caminar en lo bueno que se puede hacer (no culparse a sí mismo)
No tratar de cambiar a los demás, sino, cambiar uno mismo.
PERSPECTIVA BÍBLICA:
Aunque en el principio de la creación el ser humano dependía de Dios para vivir en la caída, “no dependió del Dios que lo quería libre. Dependió de la serpiente que lo engañó”(10), y luego de esto, el ser humano empezó a depender uno del otro, no de Dios.
La dependencia a Dios es voluntaria y conlleva mejores consecuencias que depender de alguien semejante a nosotros, pues sabemos que Su voluntad trae bendición, como dice el libro de Romanos capítulo 8, versículo 28.
Visto desde afuera, parece que “codependencia” y vida al servicio del Señor es lo mismo. La diferencia radica en que, en el primero, la persona fue forzada a actuar así por las circunstancias, en el segundo, la persona hizo la libre elección de obedecer a Cristo. Los resultados de ambos son obvios: angustia por un lado, pero paz y gozo por el otro.
Existe una congruencia en la vida cristiana a partir de los Diez Mandamientos ya que el primero de ellos es amar a Dios sobre todas las cosas y el segundo se refiere a amar al prójimo como a uno mismo, en otras palabras, no se puede amar al prójimo de manera correcta si no nos amamos a nosotros mismos primero.
El hacer lo que dice Mateo 5:39 (dar la otra mejilla al que me ofendió) no quiere decir que exista el deber de iniciar, fomentar y continuar actitudes agresivas hacia uno mismo por parte de los demás (algunos interpretan que hay que amar tanto al ofensor que se debe consentir que se convierta en un agresor permanente).
Por lo general, las personas se imponen “sus propias cruces” (Mateo 16:24), en lugar de aceptar para sus propias vidas, el pasaje de Juan 8:36. Creen que cargar la cruz es aguantar todo lo que los demás les hagan –no importa si eso implica su propia destrucción-, y se olvidan de otros versículos claves como Juan 10:10 y I Corintios 13:5.
Actuar para ayudar a los otros es generoso, siempre y cuando sepamos que los demás tienen una dignidad humana dada por Dios y que, por ello, necesitan toda nuestra ayuda y sabiendo además que ya nosotros fuimos rescatados por Jesús en Su obra redentora y que el amor que surge en nosotros proviene del Espíritu Santo y que por eso es un amor sano y genuino.
Si sabemos que la ayuda brindada no producirá efectos positivos en ambas partes es necesario tener la sabiduría para entender que no se es la persona correcta para ayudar en esa situación y orar para que Dios envíe a alguien que sí puede ayudar de la manera apropiada. Es necesario actuar con intenciones puras y motivaciones claras.
Cuando nos presentemos delante del Señor. Ël nos va a preguntar qué hicimos con nuestra vida, y no qué hicieron los demás con nuestra vida, por ello es necesario madurar, dar fruto, ser uno mismo.
La única forma de que Dios pueda actuar en las personas codependientes es que estas se desprendan del objeto de su dependencia, esto es, que se responsabilicen por sí mismas y no por los demás, al tiempo que se le da a los demás la oportunidad de ser ellos mismos, que sean libres. Es el aceptar la realidad, es vivir un día a la vez, “es amar sin volvernos locos”. Es creer que Dios cuidará de mí... y de la otra persona.
Dios es el único que renueva las fuerzas y el único que puede rescatar a los demás.
Lo más importante es recordar lo que dice I Corintios 12, que es el reflejo fiel de lo que Dios quiere para el ser humano: una copartición positiva.
REGLAS BÁSICAS DEL CUIDADO DE UNO MISMO(11)
Desapego:
El apego provoca un sentimiento que abruma, “una ansiedad que hace retorcerse y estrujarse las manos”.
Desapegarnos es liberarnos o apartarnos de una persona o de un problema con amor. Mental, emocional y, a veces, físicamente, nos desembarazamos de nuestro involucramiento insano (y, a menudo, doloroso) con la vida y responsabilidades de otra persona y de los problemas que no podemos resolver.
El desapego es una acción y un arte. Es un modo de vida.
No dejarse arrastrar por cualquier viento
Dada la característica reaccionaria de los individuos codependientes, hay que evitar reaccionar con ira, culpa, vergüenza, odio hacia sí mismo, preocupación, sentimientos heridos, gestos controladores, acciones solícitas, depresión, desesperación, furia, miedo y ansiedad.
Liberarse
Los codependientes son controladores. Controlan en nombre del amor. Controlan porque les da miedo no hacerlo.
Hay que liberarnos del control hacia los demás.
Apartar a la víctima
Las creencias cristianas funcionan perfectamente. La vida puede funcionar igual de bien. Lo que no funciona es el extremo de ello, el rescate.
Existen dos principios: rehusarse a rescatar y rehusarse a ser rescatado
La no-dependencia:
A veces, se depende de una persona para vivir a pesar de cómo sea esa persona, ya sea por temor a estar sola o por temor a no poder “cuidar” de sí misma sin la compañía de esa otra persona.
La dependencia excesiva de otra persona puede matar el amor. Las relaciones que se basan en inseguridad emocional y en una necesidad, en vez de sustentarse en el amor, pueden volverse autodestructivas.
Pasos para salir de ella:
Terminar con los asuntos de nuestra niñez
Consentir y proteger a esa criatura asustada, vulnerable y necesitada que hay en nuestro interior
No buscar la felicidad en los demás
Se puede aprender a depender de uno mismo
Depender de Dios
Esforzarse por la no-dependencia
Vivir la propia vida:
“La manera más segura de volvernos locos es involucrarnos en los asuntos de otras personas, la manera más rápida de volvernos sanos y felices es atender nuestros propios asuntos”.
Tener un romance con uno mismo:
“No somos ciudadanos de segunda clase. No merecemos llevar vidas de segunda mano y ¡no merecemos relaciones de segunda! Somos adorables y vale la pena que nos conozcan. La gente que nos ama y a quienes les caemos bien no son estúpidos ni inferiores por hacerlo. Tenemos derecho a ser felices. Nos merecemos cosas buenas” (citando a Branden, Honoring the self)
Aprender el arte de la Autoaceptacion:
Aceptación no significa adaptación. No significa resignación ante el lamentable estado en que están las cosas. No significa aceptar o tolerar ningún tipo de abuso. Significa que reconocemos y aceptamos nuestras circunstancias, incluyéndonos a nosotros mismos y a las personas en nuestras vidas, tal y como somos nosotros y ellas.
Sentir los propios sentimientos:
Los sentimientos son indicadores, motivadores positivos, aunque también pueden engañarnos.
No asumir nuestros sentimientos, aislarnos emocionalmente y alejar esa parte de nosotros puede ser incómodo, poco sano y autodestructivo.
Derecho y capacidad de pensar:
Claves:
Pedirle a Dios nos ayude a pensar
Poner la mente en paz
Usar, pero no abusar de nuestra mente
Alimentar la mente con pensamientos sanos
Expandir la mente
No decir más cosas malas respecto a nosotros mismos
Fijar las metas propias:
Pasos:
Hacer de todo una meta
No limitarse
Escribir en un papel las metas
Entregar a Dios las metas
Hacer lo que se puede por el día de hoy
Fijar las metas en forma regular y como se requiera
Tachar las metas alcanzadas
Ser paciente
La comunicación:
Ser directo, claro, conciso, certero y ante todo sincero (ser asertivo). Decir lo que pensamos, en lugar de mentir a los demás y a nosotros mismos.
Si no se está de acuerdo con algo, decirlo. Si no se quiere algo, expresarlo. No implantarse “deberes” o “cargas” de otros cuando en realidad se quiere decir “no”.
Impedir ser adicto al drama y a los problemas:
Por extraño que parezca hay personas que son adictos al drama y los problemas: están tan acostumbrados a vivir en ellos que no encuentran la forma de vivir sin ellos.
Factores que se involucran:
Expectativas
Responsabilidad económica
Perdón
Límites y fronteras de las personas codependientes para que vivan más libremente
No permitiré a nadie que abuse de mi física o verbalmente
No creeré en mentiras ni las apoyaré a sabiendas
No permitiré en mi casa el consumo de productos químicos
No permitiré en mi casa la conducta criminal
No rescataré a la gente de las consecuencias de su abuso del alcohol ni de ninguna conducta irresponsable
No financiaré el alcoholismo de otra persona ni ninguna otra conducta irresponsable
No mentiré para protegerte a ti ni para protegerme a mí de tu alcoholismo (o adicción o problema)
No usaré mi casa como un centro de desintoxicación para alcohólicos en recuperación
Si tú quieres actuar como loco, es tu problema, pero no puedes hacerlo enfrente de mí. O te marchas o me voy
Puedes echar a perder tus diversiones, tu día, tu vida –eso es asunto tuyo- pero no dejaré que eches a perder mi diversión, mi día y mi vida
Además, debemos velar por nuestro estado físico, buscar ayuda profesional, tener más confianza –ser menos inseguros- y sobre todo, aprender a amar y vivir de nuevo.
domingo, 30 de septiembre de 2007
Codependencia
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domingo, 16 de septiembre de 2007
¿GATOS ADICTOS?
Por miles de años, el comportamiento de esta mascota ha despertado la curiosidad y fascinación del ser humano. Y en la actualidad, siguen conquistando los corazones de millones de hogares, con su gracia de movimientos, aires majestuoses e inteligencia felina. En recompensa a tanto embeleso, sus dueños suelen tratarlos con especiales cuidados. Por ejemplo, a la hora de la comida, lo "mejor" es siempre para el gatito. Sin embargo, se han realizado nuevos estudios, y estos han demostrado que los gatos tienen una personalidad altamente adictiva a ciertas comidas. Las mismas, al dárselas a diario, operan como excelentes "anzuelos" que aumentan su cuadro adictivo. Inclusive, su conducta compulsiva llega a ser tan fuerte, que un gato experto en este hábito puede, perfectamente, ser comparado con una persona adicta a las drogas, que ansía cada vez más su próxima dosis. Por eso no te extrañes si tu adorada mascota se declara en "huelga de hambre" si tan sólo le insinúas cambiar su plato favorito. Increíblemente, ella perferirá no comer, antes que probar el nuevo menú que le brindas.
Los especialistas afirman que los animales se convierten en adictos a ciertas sustancias químicas que contienen algunas clases de alimentos, de la misma forma que ciertas comidas envasadas y de escaso valor nutritivo se convierten en la "perdición" de la dieta humana. El proceso adictivo se instala fácilmente en el cuerpo del animal. Cada vez que el felino termina de comer su plato predilecto, recibe una señal sicológica de que "es muy bueno". A continuación, él siente un estado general de bienestar, que también se registra en su experiencia, a través de un proceso hormonal. Después, siente el deseo de que se repita, y es en ese momento que ha comenzado su adicción. Al repetir la experiencia, el proceso es reforzado y su alimentación se condiciona a este tipo de estímulos. ¿Te imaginas qué sería, si tu gato se volviera adicto al salmón ahumado, o a la crema de vainilla? Todos estos caprichos pueden convertirse en un error muy caro. No obstante, si descubres que tu animalito está en la "lista negra" de los adictos, eso tiene solución. El secreto reside en cambiarle su menú, y no dejar que con sus tiernas expresiones, sabotee el tratamiento. Después de unos días, su apetito mejorará y aceptará la comida que le ofrezcas.
Algunos datos sobre los gatitos o mininos:
- Sus antepasados más remotos vivieron hace 40 millones de años (creodóntidos)
- Los egipcios los cuidaban y protegían ya que los gatos auyentaban a las ratas para que no llegaran a los enormes depósitos de trigo que almacenaban. Incluyo llegaron a divinizarlo
- En Europa se le consideraba como un animal de lujo.
- Muchos piensan que es augurio de buena suerte ver a un gato negro en determinadas circunstancias, mientras que para otros es presagio funesto su aparición.
- Bien tratado, es cariñoso, acude espontáneamente a hacernos compañía. Es limpio y consciente de su propia limpieza.
- Tiene buena memoria para recordar el daño que recibe, sea de las personas o de las cosas. Esta memoria es una prueba de su inteligencia, superior a la de otros animales. Recuerda bien los lugares y tiene capacidad para expresar sus emociones, fruto este de un sistema nervioso muy perfeccionado.
- Manifiesta sonoiramente sus emociones y se han recogido más de 60 sonidos diferentes y cada uno con un significado específico.
- La vista, el oído y el gusto, son los sentidos más desarrollados del gato. Su retina es muy sensible a la luz y su pupila es muy flexible. Su retina puede absorber rayos de luz que no pueden ser percibidos por el ojo humano.
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COMO TENER UNAS PIERNAS FABULOSAS


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jueves, 13 de septiembre de 2007
ALICIA, UNA CONTROLADORA
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Etiquetas: Alicia, una controladora
SERÉ UNA PERSONA CONTROLADORA? O ME ESTÁN CONTROLANDO?
- "Inconscientemente la necesidad de estar en control es compulsiva. Generalmente no se dan cuenta de esta necesidad, no saben cómo deshacerse de ella y se sorprenden cuando otros la señalan. Es razonable. Después de todo, cuando un niño corre hacia una calle, o cuando se acerca una persona violenta y, actuamos para controlar la situación, ¿no está bien eso? Por supuesto que sí, pero estas situaciones no son cotidianas, a menos que nos estemos dedicando a cuidar enfermos mentales o niños, si somos los guardas de una prisión, este tipo de control es necesario.
- En la vida diaria, este tipo de control es innecesario. Nuestros intentos de control vienen de una necesidad inconsciente de sentirnos poderosos. Realmente nos estamos engañando cuando pretendemos controlar a otros, con la creencia de que necesitan de nuestra protección. Nadie la necesita, sólo nosotros para sentirnos a salvo. El comportamiento controlador que desarrollamos para ganar poder es realmente destructivo, porque nos desconecta de sentir, enfrentar la realidad, causa tensión en las relaciones, y bloquea de dar y recibir confianza y amor. Podemos pensar que el control es bueno, pero a largo plazo hace la vida personal y de otros, ingobernable.
- El comportamiento complulsivo controlador no es avergonzante. Es más bien una señal de que las cosas no están bien como están, de que no nos sentimos bien, y de que necesitamos algo de otros que no podemos tener o podemos perder. Hay toda una gama de emociones y valores por debajo de la necesidad de controlar: miedo, confianza, orgullo, factores reales, en lo que nos protegemos con tácticas controladoras.
Hay ciertas señales que alertan cuando se está controlando o intentando controlar:
- Tensión. El comportamiento controlador crea nerviosidad. La persona se siente tensa porque está determinada en conseguir, o que otros consigan algo específico de aquellos alrededor suyo. Hay resistencia porque no se quiere hacer y se controla el acto por rebeldía o miedo.
- Avergonzar: Enojo abierto que empieza con la palabra USTED. No se debe señalar a otros por la infelicidad personal y el comportamiento controlador se le liga a esta parte del problema. Cuando le echo la culpa o avergüenzo a otros, estoy determinando que "ellos" fijan mis sentimientos. Quiero hacerlos culpables de mi infelicidad. Si culpo o avergüenzo a otros, quiero controlar. Quiero que otros cambien, primero.
- Urgencia: Cuando tengo una necesidad imperiosa para que se dé algo o prevenir de que suceda, se siente la necesidad de controlar. El miedo y el enojo pareciera ser una parte de esta urgencia. Da miedo de consecuencias personales negativas -ALGUIEN VA A HACER, REVELAR O DESCUBRIR ALGO TERRIBLE- si no actúo YA. Hay enojo contra todos y todo lo que se ponga en camino No se vé nada más que la meta y cómo compulsivamente obtenerla.
- Negación a sentir: Este es uno de los síntomas más poco fáciles de distinguir. El comportamiento controlador requiere de negar, ignorar, descontar los sentimientos personales. Si la persona no está dispuesta a ceptar cómo se siente en una situación o si no quiere saber o no le gusta cómo se sienten otros, o sentirían, hay una tendencia a querer controlar todo lo que se le ponga en medio.
EL HABITO DE CONTROLAR NO VIENE DE AFUERA, VIENE DE ADENTRO
Se oye mucho de los comportamientos controladores en los grupos de AA, Alanon, aunque muchas veces se cree que esto quiere decir demandante, rudo. Generalmente las personas creen que esto no se aplica a ellas. Muchos saben lo que es el control hacia un comportamiento x y repetirlo, a pesar de adversas consecuencias que se hubieran tenido a raíz de ellos. Piensan que la próxima vez "va a ser diferente". Esa es una negación combinada con control. Muchos familiares por ejemplo de un alcohólico activo, piensan que "ese alcohólico es el que quiere controlar la botella" y a todos a su alrededor, sin darse cuenta de cómo cada uno quiere controlar a como haya lugar, el comportamiento de ese alcohólico, con diferentes posturas.
Gritarle a la gente, decirles lo que tienen que hacer, en una forma abierta o encubierta, hacerlas sentirse culpables señalándoles todos sus errores sin su autorización, todas son acciones controladoras.
El control es un arte muy sutil. Realmente una habilidad. Las personas que han vivido con un dependiente químico o alrededor de cualquier otra adicción crónica, son especialmente buenas para ello, tomando ventaja con la apariencia de impotencia. Generalmente tiene que haber alguien responsable si algo sale mal. Todos se hacen responsables de todo, por otro lado, aunque suena contradictorio. Si no lo hacen, se sienten inadecuados. También culpables y enojados. Todos quieren demostrar que "trataron".
Características del comportamiento controlador
Al dominar el arte de controlar se aprende cómo esconderse. Trabaja muy bien para esconder verdaderos sentimientos. El ejemplo clásico es el que vemos en Alicia (click para ver ese caso). Podría tener razon de estar enojada porque le pidieron más de una vez de ir al aeropuerto. Pero en vez de decir con sus fundamentos lo que sentía al respecto, lo escondió.
Las características del comportamiento controlador tienen claves también, como:
- "Mi comportamiento fue una reacción instintiva". "No quise controlar al grupo". "No estuve consciente de que mi silencio afectaba a otros". Me sentía impotente. El silencio fue una acción refleja.
- "Dudé de mis sentimientos. No hice lo que sentí que tenía que hacer". "Quería decir no, pero accedí a hacerlo". "Pensé que la petición era injusta, pero no dije que no". "Quería el apoyo de otros, pero no lo pedí".
- "Actué por hábito; no se me ocurrió que podía escoger". Aceptar la tarea parecía la única forma aceptable de acción. No consideré ninguna otra alternativa o forma de negociación.
- "Asumí algo que me hizo sentirme peor". "Como nadie de los otros dijo nada, sentí que estaba mal lo que sentía y que a nadie le preocupaba".
- "Hice lo que quise, pero no lo que necesitaba hacer". Necesitaba apoyo y que me entendieran. Pero no lo pedí. En vez de esto, busqué la atención de otros y me escondí en el silencio por enojo. Tuve la atención que quise, pero esto me reinforzó mi baja estima.
Aunque usamos diferentes formas de control, dependiendo de lo que nos trabaja mejor, los comportamientos controladores tienen características similares. El patrón de pensamiento y comportamiento para obtener un resultado particular, es muy similar. Observar cómo y cuándo tratamos de controlar a otros, nos puede ayudar a interrumpir este hábito.
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Consuelo Quesada Mayorga
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Etiquetas: PERSONAS CONTROLADORAS
miércoles, 12 de septiembre de 2007
GRABARÁS TU NOMBRE EN EL TIEMPO
- "El hombre es el artífice de su propia realidad" (Thoreau)
- "Lo que importa no es agregar años a nuestra vida, sino, agregar vida a nuestros años". (Alexis Carrel)
- "Es mejor volverse atrás, que perderse en el camino" (Sentencia Rusa)
- "Si cada uno de nosotros cumple con su deber, nadie tendrá que luchar por sus derechos" (Mahatma Gandhi)
- "No basta hacer el bien. Hay que hacerlo bien" ( San Vicente de Paúl)
- "Bienaventurados los que saben dar sin recordar y recibir sin olvidar". (Madre Teresa de Calcuta)
- "Ningún día en el que hayamos aprendido algo es un día perdido" (David Eddings)
- "La bondad es un lenguaje que el sordo puede oir y el ciego puede ver" (Mark Twain)
- "No hay más que una forma de ser feliz: Vivir por los demás" (León Tolstoi)
- "El hombre se cree siempre más de lo que es, y se estima en menos de lo que vale" (Goethe)
- "Ser joven es tener una causa a la cual consagrar la propia vida" (Helder Cámara)
- "Una buena conciencia es una contínua alegría" (Benjamin Franklin)
- "No busquemos culpables sino soluciones" (Henry Ford)
- "Hay felicidad cuando se trasciende el propio yo para servir a los demás" (Madre Teresa de Calcuta
- "Un hombre es bueno cuando hace mejores a los demás" (Proverbio Ruso)
- "El camino a la excelencia no tiene límite de velocidad" (David Johnson)
- "El carácter da esplendor a la juventud y respeto a la vejez" (Ralph Waldo Emerson)
- "Los actos buenos son el resultado de la reflexión" (Cándida Yemail)
- "La bondad debe ser la felicidad, y el vicio la desgracia de toda criatura" (Butler)
- "No importa caminar despacio, lo peligroso es no avanzar" (Sabiduría Popular)
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Etiquetas: Lecciones de vida
LA VERDADERA AMISTAD
LA VERDADERA AMISTAD
- " Lo más que yo pueda hacer por mi amigo es simplemente ser su amigo" (Thoreau)
- "La semilla de la amistad es gratis y su cosecha es inmensa" (R. Martin)
- "Amonesta en privado al amigo y alábalo en público" (Catón)
- "Si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos, habla con tus enemigos" (Moshe Dayan)
- "Toda la grandeza de este mundo no vale lo que un buen amigo" (Voltaire)
- "Si quieres hallar en cualquier parte amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo" (G. Duhamel)
- "La amistad es la flor de un momento y el fruto del tiempo" (Kotzehue)
- "Al amigo y al sabio se le puede decir libremente cualquier cosa" (A. Caro)
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Etiquetas: Amistad
martes, 11 de septiembre de 2007
EL PERDON ES LA LLAVE DE LA FELICIDAD
- He aquí la respuesta a tu búsqueda de paz. He aquí lo que le dará significado a un mundo que no parece tener sentido. He aquí la senda que conduce a la seguridad en medio de aparentes peligros que parecen acecharte en cada recodo del camino y socavar todas tus esperanzas de poder hallar alguna vez paz y tranquilidad. Con esta idea, todas tus preguntas quedan contestadas; con esta idea, queda asegurado de una vez por todas, el fin de la incertidumbre.
- La mente que no perdona, vive atemorizada, y no le da margen al amor para ser lo que es, ni para que pueda desplegar sus alas en paz y remontarse por encima de la confusión del mundo. La mente que no perdona está triste, sin esperanzas de poder hallar alivio o liberarse del dolor. Sufre y mora en la aflicción, merodeando en las tinieblas sin poder ver nada, convencida, no obstante, de que el peligro la acecha allí.
- La mente que no perdona vive atormentada por la duda, confundida con respecto a sí misma, así como con respecto a todo lo que ve; atemorizada y airada. La mente que no perdona es débil y presumida, tan temerosa de seguir adelante como de quedarse donde está, de despertar como de irse a dormir. Tiene miedo también de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio; la oscuridad la aterra, más la proximidad de la luz la aterra todavía más.
- La mente que no perdona no ve errores, sino pecados. Contempla el mundo con ojos invidentes y da alaridos al ver sus propias proyecciones alzarse para arremeter contra la miserable parodia que es su vida. Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta. Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda esperanza. Desea escapar, sin embargo, no puede ni siquiera concebirlo, pues ve pecado por doquier.
- La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor esperanza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea desesperación. Ve sus juicios con respecto al mundo, no obstante, como algo irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación. No cree que pueda cambiar, pues lo que ve da testimonio de que sus juicios son acertados. No pregunta, pues cree saber. No cuestiona, convencida de que tiene razón.
- El perdón es algo que se adquiere. No es algo inherente a la mente. Del mismo modo en que el pecado es una idea que te enseñaste a tí mismo, así el perdón es algo que tienes que aprender.
- Cada mente que no perdona te brinda una oportunidad más de enseñarle a la tuya cómo aprender a perdonar y a perdonarse a sí misma.
- Hoy es el día para aprender a perdonar. Perdonando aceptamos la llave de la felicidad y la usaremos en beneficio propio. Hoy voy a dedicar diez minutos en la mañana y diez minutos en la noche a aprender cómo otorgar perdón y también a cómo recibirlo.
- La mente que no perdona no cree que dar perdón como recibirlo son una misma cosa. Lo mismo es perdonar a alquien que consideramos un enemigo que a alguien que consideramos un amigo. Debemos aprender a verlos igual uno que al otro. Es más, debemos aprender a verlos iguales a nosotros mismos.
- Para iniciar, sería bueno pensar en alguien que no nos cae bien, alguien que nos irrite, alguien a quien lamentamos haberlo conocido, alquien que de alguna forma nos ha hecho daño.
- Ahora, cerremos los ojos y visualicemos a esa persona. Contemplemoslo por un rato y busquemos en esa persona algún atisbo de luz, algún pequeño destello de algo que nunca habíamos notado en ella. Tratemos de encontrar algo de bondad, algo de hermosura, en esa persona. Tratemos de encontrar, aunque sea algo de indefención, algo de niño, algo de soledad, algo de dolor... Tal vez esa persona, y posiblemente es seguro, no tuvo amor en su vida, o tuvo alguna forma de abuso o maltrato. Tal vez esa persona está muy resentida con la vida. Pero, si la miras bien, puede que veas algo tuyo en ella. Piensa que es igual a tí. Piensa que detrás de ese rostro, detrás de su hostilidad puede haber un poco de debilidad, de amargura, de resentimiento.
- Ahora sí estamos dispuestos a perdonar y perdonando nos perdonamos a nosotros mismos. Ahora nos hemos liberado. Ya no tenemos ataduras, ni rencores, ni resentimientos. No tenemos motivos para amargarnos y sí para alegrarnos, porque nada nos puede afectar. Somos mejor persona. Viéndonos en los demás no les haremos lo que no nos gustaría que nos hagan a nosotros mismos. Vamos a abrir nuestro corazón y vamos a conectarlo con nuestra mente la cual se llenará de amor, de comprensión. Ya no nos afectarán cosas de menor importancia. Hemos encontrado la llave de la felicidad: El perdón.
**Para meditar:
"Sólo alcanzan plenitud de vida quienes asimilan y practican el perdón. La única manera de drenar el veneno inyectado por otros es perdonando; de nada sirven los parapetos.
Ante las heridas que nos produzca la gente, quedaremos atrapados a menos que nos atrevamos a abrir una puerta para salir del recinto de la amargura.
Al perdonar a la persona que nos dañó, no le hacemos un favor a ella, nos lo hacemos a nosotros mismos.
Cuando perdonas sinceramente a tu agresor, la paz te inunda, aunque tu agresor no se entere; de la misma forma, cuando guardas rencor, te invade la pesadumbre, aunque igualmente tu ofensor está ajeno a lo que sientes por él.
Es terapéutico aprender a perdonar. A perdonar se aprende; no es algo instintivo ni basta con decir "ya lo olvidé".
Para perdonar a alguien se requiere: Número uno, enfrentar abiertamente el dolor por lo que nos hicieron; número dos, evaluar cuánto nos cuesta aquello que perdimos, y número tres, regalarlo en la mente a esa persona que nos dañó. Enfrentar abiertamente el dolor es reconocer que estamos heridos, que el proceder del agresor nos hizo mucho daño, y nos duele... Evaluar la pérdida, significa calibrar lo que nos quitó, hacer un recuento real de cuánto perdimos y reconocer el valor que eso tenía para nosotros. Y, por último, regalemos a nuestro agresor aquello que nos quitó, pensemos que decidimos obsequiárselo. No se lo merece, pero de cualquier modo ya no lo tenemos. Nos volveremos mentalmente en su amigo, trataremos de ponernos en sus zapatos, comprenderemos sus razones, justificaremos sus impulsos y le diremos con nuestro pensamiento: "Eso que me quitaste (sé perfectamente qué es y cuájnto me duele haberlo perdido), quiero regalártelo..." Este último paso es el verdadero perdón, es el giro definitivo, el último dígito de la combinación. Sin él, no abre la caja fuerte; con él, recuperamos nuestras ilusiones encerradas y el deseo de vivir.
El perdón es un regalo. Los regalos no se dan a alquien porque los merezca. Se dan y ya. Igual que el verdadero amor: no constituye un premio; el amor es un regalo. Los seres humanos superiores son capaces de decirle a sus hijos y a su pareja: "Te amo, no como premio a tu conducta, sino a pesar de tu conducta..." Nadie que condicione su cariño a alguien lo ama de verdad..."**
**...** Tomado del libro "La última Oportunidad" de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

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Consuelo Quesada Mayorga
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CÓMO TENER BRAZOS ATRACTIVOS
Con un pie en el banco: A diferencia de los anteriores ejercicios, este debe empezarlo de pie y frente al banco. Apoye el pie izquierdo sobre este, descansando el codo izquierdo sobre la rodilla izquierda. Sostenga una pesa en la mano derecha, la palma de frente al cuerpo y el brazo doblado en ángulo recto. Mantenga la parte de arriba del brazo pegada al cuerpo, extiéndalo ligeramente doblado hacia atrás y estírelo después, completamente, hasta que quede paralelo con el suelo, y la palma de la mano hacia el techo. Regrese a la posición inicial, repítalo 12 veces. Hágalo ahora, y 12 veces también, del lado contrario. Es decir, con el pie derecho sobre el banco y la pesa en la mano izquierda.
Ahora sentada: Siéntese en el banco, tome una pesa con ambas manos o una en cada una y estire los brazos hacia arriba. Ahora llévelos doblados hacia atrás, hacia el suelo y vaya levantándolos lentamente de nuevo hacia arriba, como cuando empezó. Mantenga siempre los codos pegados a la cabeza y la espalda derecha, pero suave. No la arquee. Repítalo 12 veces. Este ejercicio lo puede hacer en el suelo, no necesita realmente del banco.
Todos estos ejercicios son muy fáciles y nada agotadores. Con sólo hacerlos 20 minutos cada día y dos veces por semana, en tan poco como un mes, podrá lucir unos brazos bien torneados y mostrarlos sin temor con la mayoría de los diseños, que han dicho adiós (o hasta luego) a las mangas.
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Consuelo Quesada Mayorga
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